«Ven, muerte, tan escondida,
que no te sienta venir;
porque el placer del morir
no me torne a dar la vida.»
(Don Quijote de la Mancha, capítulo XXXVIII)
Tanto le gustó que prometió volver después de destruir un par de planetas pendientes, y les aseguró a los del aeropuerto que para ese entonces dejaría la Estrella de la muerte en órbita.
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