Qué mejor forma de celebrar el seis del seis del seis que regocijándose con toda una serie de hostiones, de esos que no se consagran pero que a cambio bajan a todos los santos del cielo de una sentada; y, tratándose de hostiones, la flor y nata, los más selectos se ofrendan durante la práctica de la ceremonia que más impotencias y traumatismos craneoencefálicos ha causado: el juego de la piñata. ¿Acaso hay algo más bestia?
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